Cuando algo se acaba, cuando ya dejamos de relacionarnos con alguien, cuando abandonamos un lugar “de por vida” sabemos que no volveremos a sentir algo que sentimos, comienza la nostalgia a hacer aparición en nuestras vidas. Y a medida que va pasando el tiempo, los recuerdos se mezclan con la nostalgia y nos hacen llorar de la forma más estúpida de las posibles.
El ser humano, en este aspecto, es muy sensible; basta un simple y llano recuerdo sobre una persona o sobre el lugar donde pasamos la infancia, para echamos a llorar, como si de una muerte se tratara. Aunque en parte sucede así; una parte de nosotros está muerta, porque algo que vivimos no volverá a estar en nuestras vidas, no llegará a repetirse como ha ocurrido durante el tiempo en el que hemos sido felices por alguna razón. Lo que a mí personalmente más me tranquiliza es saber que la vida continua, y que se pueden dar más situaciones en las que podremos volver a ser felices junto a alguien o en un sitio concreto. Que el mundo está lleno de gente que merece la pena conocer y pasar un buen rato con ellos; como si es jugando a fútbol o como si es saliendo de farra. Da igual cual sea la situación, mientras en ese instante seamos felices; mientras disfrutemos de lo que hacemos y con quien lo hacemos, la vida seguirá mereciendo la pena, porque la vida es para vivirla y disfrutarla con la gente que queremos... o no.
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- http://carlosperez.blog.com.es/
- 2005-12-15 @ 13:07:55
iLLiCe
Todo cierto compañero. Tienes razón en tu texto, el ser humano es sensible por naturaleza, a veces es mejor no tener sentimientos, te dan mas penas que alegrias casi siempre.

Un saludo.
Te espero en mi blog